En tu piel ”
Un radiante sol cubría la arena de la plaza donde en pocas horas Josué se luciría ante la gente enfrentándose a la bravura del toro. Henchido de vanidad se miraba de perfil al espejo preparado para su acicalamiento, acomodando el corto saco ceñido a su cintura donde el dorado encandilaba más que el mismo sol.
En ese instante un escalofrío lo recorrió por entero y de inmediato noto la presencia de alguien observándolo, al volverse una gitana anciana se encontraba de pié junto a la puerta ,sin mediar palabra arrojó sobre él un puñado de cenizas y se alejó .
Josué no sabía qué hacer ,si insultarla o limpiar rápidamente su ropa que se vio cubierta por aquel extraño polvillo .
Sin embargo prefirió ignorar lo ocurrido y descansar las horas que quedaban aún antes de la corrida. Quitándose el saco de luces se recostó en una especie de catre ,en poco tiempo el peso de sus párpados le parecía inusual ,y no pudo evitar caer en un profundo sueño…
El dolor lo despertó, le dolía todo su cuerpo. Un enorme peso en cuello le impedía levantar la cabeza, su vista totalmente nublada le impedía ver que pasaba, y el miedo se apoderó de él.
Se debatía entre nauseas una fuerte punzada en su vientre y la angustia ante lo desconocido, cuando comenzó a escuchar voces a su alrededor – ¡al fin! – pensó – pero no pudo emitir palabras, solo un lamento estremecedor brotó de su garganta .
No podía entender , ni calcular el tiempo transcurrido – es una pesadilla sí – solo debo despertar – pensó.
De repente, el lugar se vio invadido por una luz que encandilaba casi hasta la ceguera y el silencio fue reemplazado por miles de gargantas gritando y riendo al unísono y de fondo algo así como aplausos, y me sentí como forzado a caminar, como si alguien me jalara.
Y ahí estaba...en medio de la arena,donde tanto soñé estar, si, era el bullicio del público vitoreando la entrada al ruedo del torero quien sombrero en mano daría una especie de vuelta saludando, pero no era yo.
Ya ante mí ,capote en mano me incitaba a la pelea mientras con la otra sostenía un estoque. Conocía perfectamente esos objetos y para que servían ,pero no estaban en mis manos, sin embargo pude sentir como una y otra vez se hundían en mi carne, el dolor era tal que yo quería correr , la eternidad se apoderó de aquella tarde que parecía no tener fin , de mis ojos brotaban lágrimas…si...los toros también lloran .Y sentía lo caliente de mi sangre manando y deslizando por mi cuerpo hasta quedar fundida con la arena.
A cada banderilla que el torero me clavaba lo acompañaba el grito de ¡BRAVO ! ¡BRAVO! del público presente.
Tendido en el ruedo a punto de recibir la estocada final, mis ojos pueden ver a la distancia la gitana anciana allí parada.
Veo que sus labios se mueven e inexplicablemente la escucho citar una frase dicha por el Quijote de Cervantes “¡Ea, ruin, para mí no hay toros que valgan, si bien sean de los más bravos que cría Jarama en sus riberas!” , repudiando aquel acto …
Y una última bocanada de aliento y dolor salen de mi boca , mientras mi mirada se cruza con la del equino elegido que al fin y al cabo es igual de torturado y muere en el mismo martirio que yo…
Yo que hoy desperté, para morir en tu piel..
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