lunes, 31 de diciembre de 2018

“UNA CHICA TRISTE ”

La lluvia no paraba, ella me estaría esperando en aquella esquina. Podía imaginarla con su palidez extrema y esa tristeza infinita en sus ojos tan azules como el cielo límpido,su cabello ensortijado de un cobrizo poco común. Tan delgada como un junco, seguramente apoyada contra la cabina de teléfono buscando la complicidad de su pequeño alero para guarecerse de aquella intensa caída de agua que parecía no tener fin.

La ame apenas la vi ,lloraba sin parar con un sobre de papel apretado fuertemente entre sus manos, un desengaño amoroso pensé, era tan joven.

Entonces me decidí ,y en el más absoluto de los silencios, extendí mi mano ofreciéndole un pañuelo ,tan solo eso.

Lo tomó y a cambio me convido una garrapiñada , exquisita por cierto ,pues era de castaña. Supe que no quería el resto de mi agónica existencia si no era a su lado.

Me ofrecí a acompañarla hasta su casa y ella aceptó de inmediato ,era evidente que estaba mal y no quería estar sola.

Nos detuvimos frente a un portón gris ,me indico que habíamos llegado ,sin más me dio un beso en la mejilla ,al hacerlo ,el papel cayó de su mano sin que ella lo notara ,la retuve por un instante y solo le pregunté si volveríamos a vernos, pero no respondió y entró en la casa.

No tuve mas vida desde aquel momento, merodeaba la cuadra esperando el momento de verla salir, sin suerte, y devolverle aquel sobre que conservé ,pero no me atreví a leer, por respeto , o por miedo de saber que amaba a otro.

Entonces ,desesperanzado me encaminé hacia el portón ,para llamar con la excusa de devolver aquello ,pero no llegue y me decidí a leerlo .

Era un informe médico, donde sentenciaba su inmaculada juventud, cómo no iba a llorar… Paralizado por lo leído ,pude observar que la puerta se abría y allí estaba ella

Con mi pañuelo en su mano, nuestras miradas se cruzaron y el mundo se detuvo.

Mi tiempo es breve, pero quiero estar contigo ,dijo casi susurrando, y el mío era suyo desde la tarde que la conocí.

Para qué perder tiempo pensando si me amaba tanto como yo a ella ,si esa flecha fugaz que me atravesó al verla también la había atravesado, yo tenía la eternidad para regalarle, si en verdad estaba decidida a ser mía.

Entonces concertamos una cita para el primero de noviembre, faltaban pocos días, llevaba siglos esperándola.

Su amor me devolvía la alegría 
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