En fechas como éstas, la gente suele exponer a flor de piel todo aquello que guarda el resto del año. Como la sensibilidad.
Permitirse llorar por cosas simples o escondiendo tras éstas ,verdaderos dolores que laceran tras el ocultamiento, la piel, como si otro desde dentro empujara para emerger e hiciéramos toda la fuerza posible por impedirlo.
Y esta sociedad hipócrita contribuye llenando las calles de grandes carteles luminosos con imágenes y frases de paz – ¡que gran mentira! --atentados raciales, egoísmos políticos ,ambiciones de poder desbordan el almanaque, pero llega diciembre y el mundo parece sumirse en ese sopor de amnesia y durante 31 días se deja engañar.
Pero yo no puedo,por respeto a tantos, no puedo,cuarenta y cuatro gargantas gritan su desaparición bajo el profundo mar, entonces no puedo brindar, un fiscal se revuelca en su tumba por una verdad que allí lo llevó y dos naciones se empecinan en ocultar.
La mía como tantas otras esta en llamas, no me gusta la política pero tampoco puedo cerrar los ojos a tantas cosas injustas.
Tras mirar un largo rato aquella larga avenida , decidí cerrar la ventana. arrimé mi sillón preferido junto a la pequeña mesita donde tengo una lámpara, busqué mi libro favorito y me perdí en sus hojas espero quedarme dormida antes que las campanas den las doce.

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